Hola Multicubano!
Es obligatorio para los transeúntes, cuando sentimos acercarse una caravana de moteros, pararnos más que mirar: a admirar el desfile. Todo es llamativo desde el rugido de una Harley-Davidson, que no solo evoca potencia y libertad, sino que es también símbolo de identidad, hasta la vibra y energía que dejan a su paso. Inevitable el WAO! y los minutos dedicados a hablar de las chaquetas, las prendas, las barbas, los más conocedores entran en el debate de: cuál les pareció más original y los niños ese día llegan a casa diciendo: cuando sea grande seré motorista.
Y es que una Harley-Davidson es una obra de arte sobre ruedas: motor en V-Twin de acero cromado, tanque curvo y brillante, escape ruidoso y profundo, asiento de cuero resistente, faro redondo clásico, neumáticos robustos, y manillar alto que invita a la libertad. Cada pieza vibra con historia, potencia y estilo americano.
Como toda obra de arte nació de los artistas Arthur Davidson y los hermanos Harley que en 1903, en Estados Unidos crearon la primera moto que nombraron usando sus apellidos. En 1917, los hermanos Harris las introducen oficialmente en la isla. Competencias, exhibiciones y paseos comenzaron a llenar las calles. Modelos como las Baby Harley -Super 10- o las Hydra Glide fueron protagonistas en la vida cotidiana: desde repartir rollos de películas hasta vender helados con los legendarios Servi-Car.
Cuba vivía su propio “sueño motero”, y las Harley eran el emblema de libertad, velocidad y elegancia.

En 1977, tras años de altibajos económicos y sociales, renació la llama motera en La Habana. Un grupo de apasionados sin fines de lucro fundó el Grupo de Propietarios de Harley-Davidson, impulsado por la amistad, la solidaridad y el deseo de mantener vivas sus motos… y su espíritu. No eran simples motociclistas. Eran hermanos del asfalto, unidos por el sonido de los motores y la camaradería.
Hoy, el Habana Harley Club continúa reuniendo a amantes de las motos clásicas. Cada sábado, en lugares emblemáticos como la antigua Peña “Amigos de Fangio”, reuniones que se mezclan con risas, anécdotas y nostalgia.
Incluso, muchos viajeros internacionales visitan la Isla para unirse a rutas organizadas por el club, donde reviven la historia sobre carreteras que huelen a mar.
Algunos no entienden la pasión de estos encuentros, otros los analizan de manera superficial y catalogan como un grupo de personas sin propósitos firmes y serios en la vida. Hace unos años, aún en Cuba, me tocó de cerca un intercambio de experiencia con un grupo de moteros durante la primera edición del evento de Harlistas Cubanos en Varadero. Yo la eterna psicóloga siempre observando atenta y escuchando. Me enamoré de las motos perfectamente cuidadas, como quién protege un tesoro. Cuanto empeño y dedicación !. Admirar cada detalle fue como estar en un museo sobre ruedas de este a oeste de Cuba. Entendí de propósitos y de pasión, más allá de lo que otros pudieron hacerlo. Los simbolismos de sus chaquetas. Cada parche, insignia o costura cuenta una historia personal o colectiva. Representan el club al que pertenecen, los kilómetros recorridos y las rutas conquistadas. El cuero protege del viento y del tiempo, pero también refleja la fuerza y resistencia de quien lo porta. Detrás de cada chaqueta hay una historia de rebeldía, lealtad y pasión por la carretera. Es un escudo, un estandarte y un símbolo eterno de orgullo motero.
Conocí de cómo organizaron Vía a la Vida como parte de la campaña mundial contra los accidentes de tránsito. Entendí de lealtad con la historia de José Lorenzo, Pepe Milésima, un mecánico español querido y respetado por toda la comunidad. Cuentan que tras su fallecimiento en 1991, los motoristas comenzaron a rendirle tributo cada Día de los Padres con una caravana hacia el Cementerio de Colón, instaurando lo que hoy se conoce como “El Día del Motociclista Ausente”.
Ese gesto de amor y respeto sigue vivo, y representa el verdadero espíritu del Habana Harley Club: memoria y fraternidad.
Cada moto cuenta una historia… y cada historia nos muestra a su dueño que quizás fue un día, ese niño que se enamoró viendo su primera caravana.

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