Hola Multicuban@s!
La última noche del año siempre tiene algo distinto. No importa cuántas veces la hayamos vivido: el silencio previo a las doce, el repaso mental inevitable, esa pregunta que aparece sin permiso mientras miramos el reloj avanzar. ¿Cómo empezó todo esto? Recuerdo claramente el inicio de este año que acaba de terminar. No había certezas, solo expectativas. Algunas pequeñas, otras desbordadas de ilusión. Y ahora, con el calendario reiniciado, me pregunto si fue un año de logros. La verdad… no lo sé. Pero de algo estoy seguro: fue un año de aprendizajes.
Porque la vida no siempre mide sus victorias en resultados visibles. A veces gana quien resiste, quien entiende, quien se equivoca y vuelve a intentar. Cada día —para bien o para mal— nos regala algo nuevo. Incluso en esa tediosa cotidianeidad que nos abruma, donde los días parecen repetirse. Somos sujetos de prueba. Sí, de esos que se enfrentan a retos inesperados, a cambios de planes, a obstáculos que no estaban en el guión… y aun así siguen de pie.
La vida nos exige al mismo tiempo que nos premia. Nos pone a prueba mientras nos fortalece. Y en ese vaivén constante, casi sin darnos cuenta, vemos cómo un año se despide y otro se asoma. Todo lo que termina trae consigo una mezcla inevitable de nostalgia y gratificación. Hay cosas que no salieron como esperábamos, sueños que se aplazaron, decisiones que quedaron en pausa. También hay aprendizajes que llegaron disfrazados de errores y silencios que enseñaron más que mil palabras.
Cerrar un año es, de alguna forma, enfrentarse a una lista invisible de pendientes. Proyectos inconclusos, metas a medio camino, promesas que nos hicimos y no siempre cumplimos. Pero también es reconocer cuánto hemos avanzado, incluso cuando parecía que no nos movíamos. Porque crecer no siempre es espectacular; a veces es silencioso, interno, casi imperceptible.

Algo se mueve dentro de nosotros cuando un año nuevo comienza. Tal vez sea psicológico, ancestral o cultural; no lo sé. Pero existe. Es esa sensación que nos invita a reflexionar, a evaluar, a mirar hacia atrás sin juicio excesivo y hacia adelante con una chispa renovada. Porque así como lo que termina nos influye, lo que comienza nos motiva.
Llega enero y arrancamos con determinación, con una energía nivel pro max. Fluyen ideas, se abren caminos y visualizamos cambios que antes parecían lejanos. Reprogramamos hábitos, planificamos nuevas metas y volvemos a creer en la posibilidad de hacerlo diferente. La esperanza se respira en todas partes. Está en las agendas nuevas, en las conversaciones optimistas, en las decisiones pequeñas que prometen grandes transformaciones.
El inicio de un nuevo año no es una varita mágica, pero sí una oportunidad poderosa. No para ser perfectos, sino para ser conscientes. Para avanzar con lo aprendido, para soltar lo que ya no suma y para atrevernos, una vez más, a intentar. Porque no se trata de empezar de cero, sino de empezar mejor.
Desde Multicuba, creemos en los comienzos que se construyen con propósito, en los proyectos que nacen de la experiencia y en las personas que se atreven a mirar hacia adelante sin olvidar lo vivido. Que este nuevo año no te exija olvidar el anterior, sino honrarlo. Que cada aprendizaje se convierta en impulso y cada desafío superado en confianza.
Hoy el calendario cambia, pero lo verdaderamente importante es lo que decidimos hacer con lo que somos y con todo lo que aprendimos en el camino. El nuevo año ya está aquí,y con él, seguimos creciendo. Iniciemos con propósitos, acompáñanos en Multicuba y construyamos oportunidades. Feliz año nuevo Multicuban@s!

Dejar mi comentario